A 53 años, Orizaba recuerda el terremoto que estremeció la madrugada del 28 de agosto de 1973
Noticiero Paréntesis
28 agosto, 2026

|| HISTORIA

Orizaba, Ver.- Hace 53 años, durante la madrugada del martes 28 de agosto de 1973, un terremoto de magnitud 7.3 sacudió con fuerza la región centro de Veracruz y Puebla, dejando una huella profunda en la memoria de Orizaba y de cientos de familias que vivieron uno de los movimientos telúricos más destructivos registrados en esta zona del país.

De acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional de la UNAM, el sismo ocurrió a las 03:50:41 horas, tuvo una profundidad aproximada de 82 kilómetros y su epicentro se ubicó alrededor de 30 kilómetros al suroeste de Tierra Blanca, Veracruz. Investigaciones posteriores de especialistas de la UNAM lo han identificado como un sismo de profundidad intermedia, asociado a la actividad de la placa de Cocos

El movimiento sorprendió a la población mientras dormía y, de acuerdo con testimonios y registros históricos, provocó severos daños en Orizaba, Córdoba, Ciudad Serdán, Nogales, Ixtaczoquitlán, Zongolica y otras comunidades. En Orizaba y municipios cercanos resultaron afectados edificios, viviendas y templos; algunas iglesias perdieron parte de sus torres, cúpulas, campanarios y otros elementos arquitectónicos.

La magnitud de la tragedia trascendió la región. Un reporte especial del Servicio Sismológico Nacional señala que los colapsos ocasionados por el terremoto provocaron la muerte de aproximadamente 539 personas. Otras investigaciones históricas de la UNAM han documentado cifras cercanas a los 600 fallecimientos, además de miles de personas heridas y damnificadas.

El terremoto de 1973 permanece como uno de los episodios sísmicos más dolorosos en la historia reciente de Orizaba. Para quienes lo vivieron, aquella madrugada no terminó cuando dejó de moverse la tierra: al amanecer comenzaron a hacerse visibles los daños y, para muchas familias, la búsqueda de seres queridos que no sobrevivieron.

A más de cinco décadas, la fecha permanece en la memoria colectiva de la región como un recordatorio de la fuerza de la naturaleza y de la vulnerabilidad de las ciudades ante los fenómenos sísmicos.

¿Viviste el terremoto de 1973 o algún familiar te contó cómo fue aquella madrugada? Compártenos tu historia, esa es una forma de  conservar la memoria de aquel día que Orizaba no ha olvidado.

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